Equilibrista de la vida
No le teme a nada, confía en la planta de sus pies.
Conoce de memoria cada vaivén de la cuerda floja.
Aprendió las piruetas cuando la vida lo desafió a superar obstáculos.
Enfrenta la inercia de su soledad inclinando la barra entre corazón y mente.
Contrapeso y abismo.
Cruza el cielo sin red, sin arnés, sin yelmo.
Porque ya hizo hazañas que parecen imposibles y vivió para contarlas.
María Guillermina Sánchez Magariños


