Stéfano, el Gato
¿Quién sos cuando estás a solas?
Cuando llegás a tu casa luego de un día arduo de trabajo y habitás ese rinconcito en el pecho que a veces duele tanto…
Cuando estás lejos de la monotonía gris del cemento ordinario, entre el balbuceo del gentío en su frenesí hacia la muerte misma. Donde la nada se entremezcla con los colores de cada ser y el devenir de todo resulta sospechosamente vago y siniestro.
Y de pronto, como si se tratase de un milagro divino, encontrás en la vereda una bolita de pelos, a la que casi pateás porque no ves bien. Desde el suelo oís unos maullidos que te encuentran.
Te agachás y lo ponés a resguardo. Lo abrazás con ternura, como si estuvieras poniéndote vos mismo a salvo de las maldades del mundo. El pequeño calor de su cuerpo, pegado al tuyo, te devuelve sensación de liviandad y aire fresco.
Llegás a casa. Lo examinás desde la punta de la oreja hasta la punta de la cola: el gato está bien. Respirás profundo. Lo alimentás y le das agua.
Y por un instante, mientras lo ves comer en silencio, el mundo parece detenerse.
Lo nombrás Stefano, en homenaje a un dúo de cantantes que escuchabas cuando eras pibe.
Ahora, las vueltas a casa ya no son iguales. Alguien te espera y vos esperás ser esperado.
Un alma gatuna que llegó para salvarte. Y vos, un humano más del gentío universal que aprende a dejarse salvar.
Don Lorenzo


