Lautaro va
Intenta, reprograma su ilusión aún en medio de la voluntad desganada, con miedos y enredos.
Sabe muy en lo profundo que el deseo se intensifica cuando arde la memoria.
A su cabeza la asalta un breve recuerdo:
Aquel beso dado, casi en el aire, que en las madrugadas de llovizna intensa todavía respira.
En el caos, la maraña de sensaciones y extrañezas se vuelve una enemiga invisible.
Lautaro se sostiene verticalmente, evitando hundirse en la desesperación.
Sabe que la horizontalidad de las cosas esconde verdades ocultas, pruebas que debe atravesar con paciencia.
Entonces, enredado y gris, todavía va.
Don Lorenzo


