Después del encuentro de Consolidación Argentina en Zona Norte, Diego Olivo deja una reflexión: “La Argentina ya no puede seguir esperando”
Tras participar en la organización del primer encuentro de Consolidación Argentina en Zona Norte, Diego Olivo compartió las conclusiones que le dejó la jornada y explicó por qué considera que el país necesita convocar a los mejores profesionales y a las mejores personas para recuperar la confianza, la transparencia y la esperanza de millones de argentinos.

Tuve el honor de colaborar en la organización del primer encuentro de Consolidación Argentina en Zona Norte, una jornada que reunió a integrantes de la Mesa Nacional y Provincial del espacio junto a referentes sociales, sindicales, empresariales y territoriales comprometidos con la construcción de una Argentina mejor.
La mesa estuvo integrada por Eugenio Casielles, referente nacional de Consolidación Argentina y uno de los principales impulsores del crecimiento del espacio; Pedro Villarreal, referente de la Mesa Provincial y uno de los principales articuladores del trabajo territorial que Consolidación Argentina viene desarrollando en la Provincia de Buenos Aires; Flavia Martínez, integrante de la Mesa Nacional y una de las voces más comprometidas con la realidad social que atraviesan miles de familias argentinas; Fernando Ruarte, integrante de la Mesa Provincial y referente del movimiento obrero organizado; y Fernando Niglio, quien viene desarrollando una importante tarea de articulación y construcción territorial en distintas provincias del país.
Durante la jornada se habló de trabajo, producción, educación, desarrollo social, oportunidades para los jóvenes y de la realidad que viven millones de familias argentinas. Más allá de las distintas miradas, hubo una coincidencia que atravesó todo el encuentro: la necesidad de construir una Argentina con más oportunidades, más previsibilidad y más esperanza.
Escuchando cada una de las exposiciones entendí algo que considero fundamental: la Argentina no tiene un problema de falta de talento. Tenemos profesionales extraordinarios, trabajadores comprometidos, empresarios que arriesgan todos los días, docentes que sostienen vocaciones y miles de argentinos valiosos que quieren aportar. Lo que muchas veces nos faltó fue la capacidad de reunir ese talento alrededor de objetivos comunes.
Por eso volvió a resonar una frase que Dante Gebel viene planteando desde hace tiempo:
“Me encantaría, si hay un equipo bien armado.”
Creo que esa frase resume perfectamente el desafío que tenemos por delante.
La Argentina necesita construir el mejor equipo posible. Un equipo formado por personas preparadas, honestas y comprometidas. Personas que conozcan la realidad porque la viven. Que entiendan lo que significa generar empleo, sostener una empresa, abrir un comercio o llegar a fin de mes. Personas que recorran los barrios, escuchen y estén presentes.
Y hay algo que personalmente me viene haciendo reflexionar desde hace mucho tiempo.
Hace un tiempo escuché a un importante dirigente nacional explicar que los frutos de muchos de los esfuerzos que hoy está haciendo la Argentina probablemente se verán dentro de varios años. Entiendo el concepto. Entiendo que los grandes cambios requieren tiempo. Pero también creo que los argentinos ya no pueden seguir esperando.
Mientras discutimos cómo queremos que sea la Argentina dentro de diez años, millones de personas están preocupadas por cómo llegar a fin de mes.
Hay familias que hacen cuentas para pagar el alquiler. Hay jubilados que no saben si podrán afrontar todos sus gastos. Hay trabajadores que sienten que cada vez les cuesta más sostener a sus familias. Hay emprendedores, comerciantes y empresarios que hacen enormes esfuerzos para mantener abiertas sus actividades y conservar puestos de trabajo.
Por eso necesitamos un gran equipo.
Porque los argentinos están cansados de la corrupción, de las promesas incumplidas, de la inseguridad y de sentir que muchas veces los problemas de siempre siguen siendo los mismos. Están cansados de hacer esfuerzos enormes sin recibir las oportunidades que merecen.
La Argentina ya no tiene margen para seguir equivocándose.
Necesitamos llegar al primer día con el mejor equipo posible. No para ocupar cargos. No para administrar una elección. Sino para empezar a resolver problemas.
También necesitamos recuperar algo fundamental: la confianza.
La confianza en las instituciones. La confianza en quienes administran los recursos públicos. La confianza de quienes producen, invierten y generan trabajo. La confianza de quienes sienten que durante demasiado tiempo hicieron esfuerzos sin recibir respuestas.
Por eso creemos en la transparencia. Porque la gente tiene derecho a saber cómo se administra cada peso de sus impuestos. Tiene derecho a conocer cómo se toman las decisiones. Tiene derecho a saber cuánto cuesta una obra, cuándo empieza, cómo avanza y cuándo termina. Tiene derecho a controlar y volver a creer.
La transparencia no es solamente una herramienta de control. Es una forma de respetar a quienes todos los días sostienen al país con su trabajo y su esfuerzo.
Por eso este espacio quiere convocar a todos los argentinos de buena voluntad. No importa de dónde vengan. No importa si participaron o no de la política. Lo que importa es que quieran aportar.
Como plantea Dante Gebel, los desafíos que tenemos por delante requieren un equipo bien armado. Y esa es precisamente la tarea que tenemos por delante: salir a buscar a los mejores.
No solamente a los mejores profesionales.
También a las mejores personas.
Personas que entiendan que gobernar es servir. Que comprendan que detrás de cada decisión hay vidas, familias y proyectos. Que sepan que el crecimiento económico tiene sentido cuando mejora la vida de la gente. Y que entiendan que ninguna transformación será verdadera si deja argentinos afuera.
Porque la Argentina que soñamos no va a surgir de una persona. Va a surgir cuando logremos reunir conocimiento, experiencia, honestidad, sensibilidad social y vocación de servicio alrededor de una misma mesa.
Necesitamos convocar a los mejores. No solamente a los más capaces. También a los más íntegros y comprometidos con el bien común.
Porque tan importante como la capacidad técnica de una persona es la forma en que decide poner ese conocimiento al servicio de los demás.
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