La mitad de los argentinos se percibe pobre y casi 9 de cada 10 pierde contra la inflación
El Monitor de Opinión Pública (MOP) de junio, elaborado por Zentrix Consultora, confirma que el malestar económico dejó de ser una sensación difusa para consolidarse como un fenómeno estructural con impacto directo en el bolsillo: el 50,2% de los argentinos se autopercibe de clase baja, el 86,1% afirma que su salario no le gana a la inflación y el 61% asegura que sus ingresos alcanzan, como máximo, hasta el día 20 del mes

La autopercepción de clase social refleja una sociedad mayoritariamente ubicada en la base de la pirámide: apenas un 10,5% se considera de clase alta, mientras que cerca de cuatro de cada diez se identifican como clase media. Este dato no funciona solo como una etiqueta simbólica, sino como una clave explicativa central: al cruzarse con los ingresos reales, confirma un patrón consistente de deterioro económico.

El principal punto de contacto entre percepción y realidad es el salario. Desde marzo, más del 85% de los encuestados sostiene que pierde frente a la inflación, sin señales de mejora en los últimos meses. Este fenómeno atraviesa incluso a los votantes oficialistas, donde 7 de cada 10 reconocen la pérdida de poder adquisitivo, aunque con interpretaciones distintas respecto a sus causas.
El impacto se vuelve aún más concreto al observar el calendario del ingreso: solo el 13% logra llegar a fin de mes con capacidad de ahorro. En contraste, la mayoría agota sus recursos antes del día 20, especialmente en los sectores más vulnerables, donde esta situación se vuelve la norma.

El informe también revela un alto nivel de desconfianza en los datos oficiales: el 68,8% considera que el índice de inflación no refleja su experiencia cotidiana, percepción que se intensifica entre quienes enfrentan mayores restricciones económicas.
En este contexto, más de la mitad de los encuestados cree que lo peor aún no pasó, consolidando un clima de pesimismo económico que se combina con una fuerte fragmentación en la lectura política de la realidad.

A pesar de este escenario, la desaprobación del Gobierno mostró una leve caída en junio, lo que sugiere que parte del ajuste ya fue incorporado como una condición estable más que como un deterioro coyuntural. Sin embargo, el desgaste alcanza a gran parte de la dirigencia política, con niveles de imagen negativa predominantes.

El estudio, basado en 1.297 casos relevados a nivel nacional entre el 15 y el 22 de junio de 2026, ofrece una radiografía clara: el problema económico no solo persiste, sino que estructura la percepción social, condiciona la confianza institucional y redefine el clima político del país.
Cuando se analiza por tipo de votante, tanto en 2023 como en 2025, el crecimiento de Bregman parece estar capitalizando, al menos en parte, a un electorado que no encuentra representación plena ni en el kirchnerismo ni en el peronismo más tradicional. Ambos espacios, absorbidos por sus disputas internas, no logran generar un debate de propuestas que interpele a una sociedad que reclama alternativas. Ese vacío es el que el espacio de Bregman parece estar ocupando.
En un contexto donde gran parte de la sociedad no logra recomponer sus ingresos y convive con el ajuste —ya sea aceptándolo como condición necesaria para una mejora futura, o rechazándolo como un fracaso de modelo—, lo que no aparece con claridad es una oposición que le hable a ese malestar, que genere propuestas y plantee un horizonte alternativo. En la práctica, Milei enfrenta una oposición más ocupada en sus conflictos internos que en capitalizar los errores del Gobierno. Eso le despeja el escenario a oficialismo.

Con los recientes cambios en el gabinete —la salida de Adorni y el ingreso de perfiles más dialoguistas—, si la economía cotidiana comienza a mejorar, el año 2027 podría ser relativamente tranquilo para un gobierno que ya logró estabilizar la macro y que tiene pendiente estabilizar la micro. Si lo consigue, y considerando la ausencia de figuras opositoras con peso propio —incluyendo la del centroderecha, como el PRO, que podría plantearle una interna competitiva—, la reelección empieza a ser un escenario plausible. La condición, en todo caso, sigue siendo la misma: que la mejora llegue a los ingresos y al día a día de las familias.
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