Tigre avanzó a octavos pese a la caída y dejó señales de alerta
A veces el fútbol no entiende de lógicas lineales. Tigre perdió en casa, sufrió más de la cuenta y por momentos quedó al borde de un susto grande, pero terminó celebrando: está entre los 16 mejores de la Copa Sudamericana. El 2-1 ante Nacional en el José Dellagiovanna no alcanzó para empañar el contundente 3-0 conseguido en Montevideo, que terminó siendo decisivo para sellar la clasificación con un global de 4-2.

El equipo de Diego Dabove vivió dos partidos en uno. Un primer tiempo que rozó la pesadilla futbolística y una segunda etapa donde reaccionó a tiempo para sostener la serie. Nacional, con sus limitaciones, apostó a la intensidad, al carácter y al empuje. Y le alcanzó para poner contra las cuerdas a un Tigre que entró dormido.
El “Bolso” pegó primero con Maximiliano Gómez y luego amplió con Maximiliano Silvera. El 2-0 encendió todas las alarmas. Tigre no hacía pie: desordenado, impreciso y superado en el mediocampo, dejó una imagen preocupante. Hubo errores individuales, pérdidas constantes y un equipo que parecía no reaccionar ante el golpe.

Recién después de ese segundo gol, el Matador mostró señales de vida. Más empuje que juego, más voluntad que claridad. Empezó a presionar, a incomodar a Nacional y, al menos, a impedir que el rival volviera a lastimar. El ingreso de Garay le dio algo de equilibrio a una estructura que venía haciendo agua.
En el complemento, el panorama cambió. Tigre mejoró en lo físico y en lo futbolístico, el equipo empezó a inclinar la cancha y a recuperar la iniciativa. Ya no era un equipo acorralado, sino uno que buscaba cerrar la serie con autoridad.
Y en ese contexto apareció Santiago López. El delantero, que había tenido una noche irregular, aprovechó su velocidad para descontar cerca del final y liquidar definitivamente la historia. Ese gol no solo trajo alivio: también bajó el telón de cualquier intento de remontada uruguaya.

El pitazo final encontró a Tigre clasificado, pero con más preguntas que certezas. La serie dejó en evidencia que el equipo puede competir, pero también que tiene limitaciones claras. El plantel es corto, tanto en cantidad como en calidad, y varios rendimientos estuvieron por debajo de lo esperado.
Lo que viene no será más sencillo. En los octavos de final, Tigre enfrentará a Montevideo City Torque, otro rival uruguayo. Y si bien el objetivo deportivo se mantiene intacto, también queda claro que el desgaste de la competencia empieza a sentirse y podría impactar en las prioridades del semestre.
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