Se erosiona el eje “anticasta”: crece la desconfianza, cae la aprobación de Milei y se profundiza el malestar social

Se erosiona el eje “anticasta”: crece la desconfianza, cae la aprobación de Milei y se profundiza el malestar social

La principal bandera simbólica con la que Javier Milei llegó al poder empieza a mostrar signos visibles de desgaste. El relato “anticasta”, que durante meses funcionó como sostén político y moral del oficialismo, pierde fuerza frente a una opinión pública que comienza a percibir al Gobierno como una continuidad de aquellas prácticas que prometía erradicar.


Ese deterioro, además, no puede leerse sólo como un fenómeno opositor. La corrupción aparece como el principal desafío del país, incluso entre quienes votaron al oficialismo en 2025, por encima del

Los datos del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora reflejan ese cambio de clima. Un 66,6% de los consultados considera que el pacto “anticasta” se rompió, mientras que el 57,3% percibe corrupción generalizada en la gestión y el 60,2% interpreta las denuncias como parte de un problema estructural del Gobierno. Más que episodios aislados, lo que empieza a resquebrajarse es el núcleo simbólico que le daba legitimidad al oficialismo.


Ese deterioro no se limita al plano político. La economía cotidiana aparece como el principal amplificador del malestar: el 81,6% reconoce haber resignado consumos en los últimos seis meses y el 86,6% afirma que su salario no le gana a la inflación. En paralelo, el 60,4% asegura que sus ingresos sólo alcanzan hasta el día 20 de cada mes. El ajuste dejó de ser una discusión macroeconómica para convertirse en una experiencia concreta de privación.

En ese contexto, la credibilidad del Gobierno se vuelve un factor decisivo. El 66,6% de los encuestados considera que la administración no está comprometida con prevenir la corrupción, lo que desplaza el eje desde los hechos puntuales hacia una sospecha más profunda sobre la forma de ejercer el poder. Cuando se erosiona la confianza en la integridad, también se debilita la tolerancia social frente al ajuste.

La consecuencia política es directa: la aprobación presidencial cae al 33,1%, mientras la imagen de Milei se vuelve mayoritariamente negativa (59,3%). El desgaste ya no responde a un único factor, sino a la combinación de deterioro económico y pérdida de autoridad moral.


INDEC

A esto se suma una creciente desconfianza sobre los datos oficiales. El 70,3% cree que la inflación informada no refleja lo que ocurre en la vida cotidiana, ampliando la brecha entre la narrativa económica del Gobierno y la experiencia real de los hogares. Cuando el dato público deja de ser creíble, pierde capacidad de ordenar el debate y de sostener expectativas.

En el plano político, el escenario también muestra movimientos. Axel Kicillof logra recuperar terreno en su imagen y se reposiciona como referencia opositora, mientras que figuras del oficialismo como Manuel Adorni exhiben niveles de rechazo muy elevados. En contraste, Patricia Bullrich mantiene una imagen relativamente más estable, y Myriam Bregman aparece como una de las dirigentes con mejor diferencial, capitalizando un malestar que ya no busca sólo alternancia, sino confrontación.

El cuadro general que deja abril es el de un cambio de clima: el desgaste del relato “anticasta”, sumado al impacto del ajuste en la vida cotidiana, empieza a redefinir la relación entre el Gobierno y la sociedad. Ya no se discute sólo la eficacia de la gestión, sino la coherencia entre el discurso fundacional y el ejercicio del poder. Y en esa tensión, el oficialismo enfrenta uno de sus desafíos más delicados desde su llegada al gobierno.

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