Cuando el presente nos impide pensar en el futuro
La pregunta ya no es cuánto ganamos. La verdadera pregunta es cuánto nos queda después de pagar las cuentas del mes… si es que nos queda algo.
*Por Diego Olivo
Hay algo que me viene pasando desde hace un tiempo. Cada vez que camino por las calles de mi barrio, entro a un comercio o comparto un café con un vecino, la conversación termina casi siempre en el mismo lugar. Cambian las personas, cambian las historias y cambian las ciudades, pero la preocupación termina siendo la misma.
La pregunta ya no es cuánto ganamos. La verdadera pregunta es cuánto nos queda después de pagar las cuentas del mes… si es que nos queda algo.
Hace algunos años hablábamos de proyectos, de crecimiento y de planificar el futuro. Hoy hablamos de cómo llegar a fin de mes. Los comerciantes hacen un enorme esfuerzo para sostener cada puesto de trabajo porque saben que detrás de cada empleado hay una familia. Los vecinos recorren distintos comercios buscando el mejor precio. Muchas familias postergan gastos para el mes siguiente. Y también escucho otra preocupación que se repite cada vez más: la tranquilidad. Hay personas que cambiaron hábitos porque sienten que la inseguridad pasó a formar parte de su vida cotidiana.
Lo más preocupante es que esta realidad ya no pertenece a un solo barrio. La escucho en San Fernando, en Tigre, en San Isidro, en Vicente López, en Escobar y en muchos otros lugares de la Provincia de Buenos Aires. Cambian los nombres de las calles, pero las preocupaciones son prácticamente las mismas.
Hace unos días me vino a la cabeza una frase de Dante Gebel que me hizo reflexionar: “Hoy pienso más en el bienestar del país que en lo que yo quiero.” Creo que esa idea resume el desafío que tenemos por delante. La Argentina necesita volver a poner el bien común por encima de cualquier interés personal y recuperar una política que piense más en el largo plazo que en la próxima elección.
Como vecino de la Zona Norte, me niego a aceptar que este presente sea el futuro que les vamos a dejar a nuestros hijos. Me niego a creer que acostumbrarnos a sobrevivir sea algo normal. La inmensa mayoría de los argentinos quiere exactamente lo mismo: trabajar, vivir con tranquilidad, criar a sus hijos en paz y volver a sentir que el esfuerzo tiene recompensa.
También creo que la gente no dejó de creer en la política. La gente dejó de creer en las promesas que nunca se cumplieron.
La confianza no se recupera prometiendo más. La confianza se recupera con hechos.
Ésa fue una de las razones por las que decidí formar parte de Consolidación Argentina. Encontré un espacio donde primero se construyen equipos y proyectos, y recién después se habla de candidaturas. Un espacio donde profesionales de distintas disciplinas trabajan en mesas técnicas porque creemos que gobernar exige planificación, preparación y responsabilidad.
Los problemas no terminan cuando cambia un cartel que dice San Fernando, Tigre o San Isidro. Compartimos los mismos desafíos en materia de seguridad, educación, producción y empleo. Por eso también debemos empezar a construir una mirada compartida para toda la Zona Norte.
Y quiero hacer una invitación. Si sos vecino, comerciante, trabajador, estudiante, profesional, emprendedor o simplemente alguien que cree que todavía es posible construir una Argentina mejor, te invito a sumarte a los equipos de trabajo que estamos formando en Consolidación Argentina. Necesitamos más personas con ganas de aportar ideas, experiencia y compromiso. Porque las mejores soluciones nacen cuando distintas miradas trabajan juntas con un mismo objetivo.
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La Argentina que viene no la va a construir un dirigente.
La vamos a construir entre todos.
*Diego Olivo
Referente de Consolidación Argentina – Zona Norte


