“La Casita de Mario”: un modelo de articulación municipal para el resguardo de la niñez
El hogar para la niñez “La Casita de Mario” es un espacio convivencial de atención especializada que alberga a 20 niños y adolescentes de distintas edades, que van desde los 2 a los 15 años. Este hogar funciona como un puente fundamental hacia una vida con derechos restituidos a través de un equipo dedicado exclusivamente a la crianza. Según explica Norma Lorenzoni, directora del hogar, la misión del espacio trasciende la asistencia básica y se enfoca en el resguardo integral: “Nuestra función es de crianza; acompañarlos, sostenerlos y contenerlos. Los niños que han ingresado a este espacio tienen los derechos vulnerados y no cuentan con un adulto responsable que se pueda hacer cargo de ellos, entonces se toma esta medida de abrigo excepcional por 180 días y se empieza a trabajar con vínculos familiares para poder restituir esos derechos y, si no se logra con las familias, se pide la medida de adopción”.

El trabajo diario es sostenido por las operadoras, quienes representan el primer contacto emocional para los chicos. Griselda Nievas, trabajadora del hogar, detalla que su rol se basa en la escucha y el acompañamiento en cada paso: desde llevarlos a la escuela, al psicólogo, psiquiatra o a actividades físicas, hasta compartir momentos de ocio como ver películas, jugar a la Play o festejar cada cumpleaños. “Las operadoras hacemos dos turnos, nuestro ingreso se trata de ver cómo estuvieron los chicos y lo cotidiano, como respetar las comidas y que puedan tener momentos de disfrute y descanso. Generalmente nuestro trabajo es de contención”, destaca Griselda.
Por su parte, Norma resalta que la labor de las cuidadoras es fundamental porque son la “primera línea de intervención”, detectando cualquier necesidad para articularla con el equipo técnico y de salud. Esta tarea se potencia a través de una red de trabajo con áreas municipales de Desarrollo Social, Niñez, Salud, Cultura y Deporte, además de una comunicación constante con las escuelas y centros de salud mental como el Papa Francisco y los Centros Provinciales de Atención (CPA).
El egreso de un niño del hogar puede darse por la restitución de derechos o por mayoría de edad, aunque en este último caso el apoyo estatal continúa. “No es que a los 18 años tiene que irse, sino que se queda hasta conseguir trabajo y una vida autónoma, siempre la ayuda de becas que surgen de políticas públicas y que aportan a ese proceso”, aclara la directora.

Sin duda, uno de los procesos más movilizantes es la adopción. Durante la gestión de Norma, ya se han concretado 10 adopciones. El proceso es meticuloso: tras la búsqueda de posibles adoptantes por parte del Juzgado, se inicia una etapa de conocimiento mutuo entre los equipos técnicos y los interesados para coordinar las vinculaciones según la edad de cada niño. Para Griselda, este momento es uno de los más especiales: “Es muy gratificante ver cómo se van contentos con una familia, pensar que pueden tener una vida diferente incluso cuando sabemos que los vamos a extrañar. Se va un pedacito de nosotras, pero nos pone felices que se vayan a un lugar mejor”.
La relación con el hogar no termina cuando el niño se va. Norma confiesa con emoción que el contacto con los padres adoptivos suele perdurar por años: “Las comunicaciones nunca se cortan, nos muestran sus progresos, nos mandan fotos y estamos presentes en sus cumpleaños. Pasan cuatro o cinco años y seguimos en contacto. Cuando recibís esos mensajes, caés en la cuenta de lo importante que fue todo el trabajo del equipo”.
“¿Destinar recursos para acompañar a chicos y chicas en situación de vulnerabilidad es un gasto o una inversión? Nosotros no tenemos ninguna duda: es una inversión en presente y en futuro”, expresó el intendente Ariel Sujarchuk.


