Dos extraños
Finalmente fuí. Ella insistió tanto que consiguió quebrar mi voluntad. O no, quizá lo
deseara desde ese lugar inaccesible que la conciencia tejió, pacientemente, a lo largo del
tiempo.
Y ahí estaba, nervioso, molesto de transitar por lugares inusuales, intentando dar
con la persona que me describiera con lujos de detalles.
El patio de comidas…vaya nombre!, estaba atiborrado, algunos comían de prisa
otros se distraían hojeando revistas estériles o jugando con sus celulares, los más
pasaban empujando o tirando de sus valijas embarullando el ambiente.
“¡En el aeropuerto!” Había protestado… Un “Es que tiene que hacer un transbordo,
dispone sólo de dos horas” tuve como respuesta. En fin.
Estatura mediana, gruesos bigotes, pelo entrecano..ojos oscuros “Como los tuyos”..
El identikit mental no se ajustaba a quienes tenía bajo la mira.
Habría más de un centenar de mesas, la clientela variaba. Iba hasta un extremo y
cuando volvía…las personas eran otras. “Tal vez cambió de idea”….o quiza “El vuelo se
atrasó”… en la pantalla pude ver algunos con demora..
Comencé a lamentar no haber ido a la playa, no teníamos muchos días y hoy había
un sol espléndido…De pronto veo uno que, sentado de espaldas, gira la cabeza. “Es él” me
digo y voy hacia allí, me pongo de frente y lo miro. El hombre esquiva la mirada y busca
algo en un bolso…falsa alarma.
“Aquí, aquí” escucho. Doy mediavuelta y en una mesa a unos cinco metros lo veo.
Me mira, me sonríe y hace señas para que me acerque.
Supongo que el también tiene un identikit. Tengo ganas de salir corriendo, respiro
profundo y me aproximo.
Me siento enfrente… “Hola” dice. No me sale ni una palabra. “¿Querés tomar o
comer algo?” pregunta. Niego moviendo la cabeza.
– Pensé que no vendrías….pero, bueno, aquí estás. ¿Cómo está tu madre?
– ¿La conoce?
– Por favor..no me trates de Ud.
– ¿La conocés?
Sonríe bajando la mirada.. “¿Aún sigue en el área de enfermería?” pregunta.
Supongo que querría verme no para hablar de mi madre. No tiene mucho tiempo..por qué
no va al grano… “Ahora es la jefa…desde hace tres años” respondo.
– Siempre fue una excelente profesional…
– ¿Para qué querías verme después de….veinte años!?
– Veinte años, tres meses y….a ver.. doce días
No por ese lado, me digo. No me importa la precisión de su contabilidad. “¿Por qué
te fuiste… por qué me abandonaste?”…
“No tenía alternativas…tu mamá te lo debió haber explicado..supongo” responde en
voz baja, lo miro y continúo “Me importa tu versión…las razones de tu ida no pudieron
haber durado tanto tiempo!”
“Es verdad…es verdad…la vida es complicada..Siempre quise volver..no pude” dice
y propone “Quiero rehacer el vínculo, no puedo modificar el pasado pero, si estás de acuerdo…. podemos construir un presente distinto… ¡Podés pedirme lo que quieras..!”
“Nada de lo que quise puede cumplirse…en verdad, ahora, no quiero nada” Digo con
firmeza a pesar de no estar convencido.
“Reitero, hacia atrás no podemos ir….Te quiero…siempre te quise” dice con voz
quebrada.
Tengo ganas de levantarme y abrazarlo, sin embargo ataco “No te creo, las
circunstancias hicieron que pudiéramos vernos un par de horas en un lugar neutral y….
aprovechaste. No había nada que perder…No?”
“No, no, estás equivocado…no es así…Te entiendo pero…” y no pudo terminar la
frase. Se tomó la cara con ambas manos y luego dijo.. “Necesito ir al baño…enseguida
vuelvo, perdón”
Seguro quiere llorar y le da vergüenza hacerlo en público….como si a todo este
gentío le importara algo.
Sin embargo en veinte años yo nunca lloré…nunca pude.
Busco un bolígrafo y tomo una servilleta. Anoto los diez números de mi móvil y
escribo: “Estaré en Boteco Belmonte a las 17 hs. Te espero” luego doblo el papel y lo
coloco debajo de su plato.
Salgo para procurar un taxi, el aire cálido y seco me pega en el rostro. Sin
embargo siento que mis mejillas se humedecen continuamente.
Me froto con el dorso de la mano, no puedo creerlo, después de tanto tiempo
parece ser que mis lagrimales consiguieron, finalmente, romper el candado.
Carlos Gamboa.
Ing. Maschwitz.


