Águeda y las Hormigas
“¿Por qué amar la comodidad de no buscar lo imposible?”
Aquella pregunta rondaba la mente de Águeda que miraba, hipnotizada, el andar de las hormigas que comían las flores de su jardín. Las pequeñas caminaban, una detrás de otra, llevando poco a poco el precioso fruto que aquellas orquídeas sabían regalar.
“Hay gente que le es fiel a las sombras de recuerdos que ya pasaron. Ella era mi recuerdo, el presente que quiso ser futuro y terminó siendo pasado.”, pensaba, con su mirada extraviada en aquellos insectos negros que recorrían un largo trecho hacia su imperio.
“La persona que tenga dudas sobre la futura conquista del mundo por parte de estas pequeñas cosillas es, sin lugar a duda, alguien tristemente inocente.”, se decía a sí misma la muchacha, mientras fruncía la frente un tanto enojada y tomaba una lupa para comenzar con la cruel (y no muy certera) matanza de aquella especie.
Ezequiel Alejandro Micelotta
Santa Clara del Mar


