La Loma: cuando la solidaridad se organiza para que nadie quede solo

La Loma: cuando la solidaridad se organiza para que nadie quede solo

En el barrio La Loma, la comunidad de la iglesia Virgen del Carmen convirtió la solidaridad en una tarea cotidiana. Cáritas acompaña cada mes a más de 80 familias, sostiene desayunos para vecinos que lo necesitan, entrega alimentos y ropa, articula con otras instituciones y hasta visita hospitales. Detrás de cada ayuda hay vecinos que ponen el cuerpo y muchas horas de trabajo.

Es martes por la mañana en La Loma. De a poco, comienzan a llegar vecinos a la iglesia Virgen del Carmen. Algunos vienen a buscar un bolsón de alimentos, otros a compartir un desayuno y también están quienes simplemente necesitan conversar, ser escuchados o encontrar una mano tendida.

Dos veces por semana, los martes y jueves, más de 50 personas se acercan para compartir facturas, pan y algo caliente. Es un momento sencillo, pero importante para quienes atraviesan tiempos difíciles.

“Las facturas y el pan nos los dona una panadería amiga para que podamos brindarles a los abuelos y a quienes lo necesitan”, cuenta Esther Páetz, coordinadora de Cáritas. En su relato aparece una palabra que se repite una y otra vez: vecinos. Porque buena parte de lo que se hace en este lugar es posible gracias a la solidaridad que llega desde el propio barrio.

La asistencia alimentaria es una de las tareas centrales. Cada mes, Cáritas acompaña a más de 80 familias con bolsones de mercadería. Pero cuando las necesidades aumentan, también lo hace la demanda.

“El mes pasado llegamos a 140 entregas. Son muchas las personas que vienen con necesidades”, cuenta Clarita, una de las colaboradoras.

Mucho más que un bolsón

En La Loma, Cáritas es mucho más que un lugar donde se entrega comida. También se recibe y distribuye ropa, se acompaña a familias en situación de vulnerabilidad y se brinda atención a personas que llegan atravesadas por distintas dificultades.

Incluso algunas personas realizan tareas comunitarias en el marco de probation y se suman al trabajo cotidiano del espacio.

Esther comparte la tarea con Marga, Fernanda, Elizabeth y María, pero el equipo no termina allí. Hay un enorme grupo de hombres y mujeres que, de acuerdo con sus posibilidades, siempre encuentra una manera de colaborar.

Y está “Chiquito”, uno de esos personajes imprescindibles en cualquier barrio. Electricista, cerrajero y, sobre todo, un colaborador “todo terreno”. Si hay algo que arreglar, algo que cargar o una mano que dar, seguramente aparezca.

Porque la solidaridad también tiene esas formas: alguien que acerca mercadería, otro que dona ropa, quien arregla una instalación y quien simplemente dispone de unas horas para ayudar.

Una red que une instituciones y vecinos

El trabajo tampoco se hace puertas adentro. Cáritas articula con el colegio parroquial y la Casa de los Jóvenes, mientras que el Mercado de Frutas y Verduras de Beccar aporta donaciones de verduras.

También existe un trabajo conjunto con el Banco de Medicamentos del Obispado y con Cáritas de la parroquia Virgen de las Gracias de Villa Martelli, lo que permite acercar medicamentos a quienes los necesitan.

La comunidad sostiene además un espacio para adultos mayores y un espacio terapéutico con atención psicológica cada 15 días.

Y hay otra tarea que muchas veces permanece invisible: las visitas a hospitales. Voluntarios que se acercan a acompañar a quienes están internados, a llevar una palabra de aliento o simplemente a estar.

Para Esther, todo ese esfuerzo tiene un sentido profundo. Lo define de una manera sencilla: “Tiempo dedicado al servicio de Jesús”.

“Ayudar a organizarse”

El padre Nepi, integrante del grupo de Curas en la Opción por los Pobres, acompaña este proceso y alienta el trabajo comunitario.

“Hay que seguir el camino de Jesús y ayudar a los más vulnerables a organizarse, a cumplir objetivos. Como dijo Jesús, de ellos es el reino de los cielos”, sostiene.

En La Loma, la organización comunitaria aparece así como una respuesta concreta frente a una realidad que golpea cada vez a más familias.

No hay grandes estructuras detrás. Hay una iglesia, un grupo de vecinos, voluntarios, comercios que colaboran y muchas personas que, aun teniendo sus propias dificultades, encuentran tiempo para ayudar a otros.

Cada desayuno compartido, cada bolsón entregado, cada bolsa de ropa, cada medicamento conseguido y cada visita a un hospital forman parte de una misma historia.

La historia de un barrio que, frente a las dificultades, decidió no mirar para otro lado.

Porque en La Loma, la solidaridad no es una palabra. Se organiza, se comparte y se sostiene entre todos.

#LaLoma #Solidaridad #Cáritas #VirgenDelCarmen #Comunidad #Vecinos #SanIsidro #Ayudar

Entradas relacionadas